La caída del consumo de carburante, superior al 10% en los últimos cuatro años, viene confirmando una menor utilización del vehículo privado. Esta realidad se ve acompañada por una reducción de los accidentes leves, golpes de "chapa" sin daños personales, ya que este es un siniestro directamente ligado a la densidad del trafico y, por tanto a las ciudades.